XII Edición del festival Escenas do cambio – Revelesencia
Revelesencia no es un regreso. Es una aparición.
Hay algo que insiste. Algo que, aun cuando parece diluido o desplazado, permanece latiendo bajo la superficie. Revelesencia nombra ese instante en el que lo que persistía en silencio vuelve a hacerse visible, no como nostalgia, sino como transformación consciente.
Si en 2025, con Lostopía, explorábamos en Escenas do cambio la tensión entre lo perdido y lo que aún éramos capaces de imaginar, en 2026 decidimos sostener esa grieta abierta en el festival. No acelerar hacia el futuro ni romantizar el pasado, sino habitar el presente como un territorio donde persistir, revelarse y reinventarse forman parte de un mismo ciclo.
Hay cuerpos que se niegan a desaparecer. Cuerpos que guardan memoria, que transmiten experiencia, que cargan con genealogías invisibles. En Black Box – Una saga épica, Hugo Torres convierte la historia familiar en archivo vivo; en El Vacío, Julio César Iglesias sitúa al cuerpo coral frente a la fragmentación contemporánea; y en La Cura, esa misma compañía atraviesa el colapso como tránsito hacia la reconexión. No son piezas aisladas, sino un diálogo profundo sobre decadencia y transformación. El vacío no se clausura: se atraviesa. La cura no niega la herida: la incorpora como parte del proceso de renacimiento.
La memoria también es territorio y desplazamiento. En Horizontes Errantes, Laura Aris y Jakob Jautz transforman el caminar en pensamiento escénico, haciendo del paisaje un interlocutor activo. La Cidade da Cultura deja de ser contenedor para convertirse en cuerpo que se recorre. En esa misma activación del espacio, 52-BLAU inaugura Escenas do cambio como experiencia inmersiva y mutable: un cuerpo que intenta sobrevivir en la inmensidad, reinventándose según la arquitectura que lo acoge. Ambas propuestas reafirman el ADN del festival: la arquitectura como dramaturgia viva.
Revelesencia también ilumina aquello que ha quedado fuera del encuadre. Entrecruzad@s encarna cuerpos atravesados por estigmas sociales y convierte la diferencia en potencia escénica. Hecatombe II – Movimientos y rituales para la renovación del mundo introduce saberes ancestrales en diálogo con la urgencia contemporánea, proponiendo la escena como ceremonia de escucha y reconfiguración del vínculo con la tierra. Lo invisible se hace visible no por estética, sino por necesidad ética.
En el terreno de lo relacional, La Calidesa transforma la experiencia teatral en acto de acompañamiento, construyendo un espacio donde la soledad encuentra calor compartido. Fear:less, de Silke Z., indaga en el miedo colectivo inscrito en la piel, devolviendo al cuerpo su condición de acontecimiento real en un mundo saturado de pantallas y distancias. La proximidad como riesgo y revelación.
La celebración también se revisa. Este himno llevarála palabra Euforia, de La Intrusa, convierte la exaltación en reflexión lúcida sobre el desgaste emocional contemporáneo. La fiesta no es evasión, sino espejo. La caída no es fracaso, sino conciencia. En otro registro, Arder Épica (Capítulo 1) activa la palabra autobiográfica como ritual colectivo, entrelazando memoria, feminismo ancestral y comunidad en un espacio circular compartido. El encuentro previo aArder Épica prolonga esta dimensión, recordando que la experiencia artística comienza antes de la función y continúa después.
En el centro de esta constelación se sitúa el Comando Dramatúrgico, no como dispositivo paralelo, sino como conciencia viva del festival. Acompaña, observa, escribe, traduce, conversa. Convierte la programación en pensamiento compartido y transforma la experiencia escénica en memoria activa. La dramaturgia del festival no se limita a ordenar piezas: construye relaciones.
Revelesencia no organiza el festival Escenas do cambio como una suma de espectáculos, sino como una arquitectura sensible donde las obras se responden entre sí. Persistir, revelarse y reinventarse no son categorías aisladas, sino movimientos que se atraviesan mutuamente: el cuerpo que recuerda, el cuerpo que expone, el cuerpo que se transforma.
La Cidade da Cultura, una vez más, no es escenario neutro. Es territorio activo. La piedra, el viento y la luz dialogan con los cuerpos que lo habitan. El espacio se convierte en interlocutor.
Escenas do cambio 2026 no propone respuestas cerradas. Propone condiciones. Condiciones para que aquello que parecía agotado pueda reformularse. Para que lo invisible encuentre espacio. Para que el vacío no sea clausura, sino inicio.
Revelesencia es, en definitiva, un acto de presencia colectiva. Un recordatorio de que algo sigue latiendo. Y que, si somos capaces de escucharlo, puede transformarse en futuro.
Kirenia Martínez Acosta. Directora artística de Escenas do cambio 2026

